Arianne Rovira lleva 35 años desarrollando su carrera como directiva en empresas, casi todas ellas multinacionales. Actualmente desempeña su actividad como consultora, especializándose en la elaboración de planes estratégicos, liderazgo y sostenibilidad. Su experiencia le ha llevado a identificar un problema común pero poco discutido, como es la mediocridad en la dirección empresarial.
Fruto de todos estos años surge Jefes Mediocres, un libro valiente y necesario. En él se identifican las siguiente figuras:
- Los portadores del virus. Aquellos directivos que destilan mediocridad y contaminan el entorno.
- Los infectados. Las personas y los equipos. Realmente so los que se infectan del virus, bebiendo de modelos defectuosos y sufriendo las consecuencias de la mala gestión.
- Las estructuras empresariales. Son las que favorecen la existencia del virus. Coartan la libertad en la toma de decisiones y propician actuaciones cuestionables.
Hablamos de responsabilidad y exigencia
La carrera profesional de un empleado, casi todos lo somos, viene en gran parte determinada por la calidad de los dirigentes que ha tenido a lo largo de su trayectoria. Esto nos da una idea de la enorme responsabilidad que supone dirigir y liderar personas.
Los directivos dejamos huella en las personas a las que dirigimos: para bien o para mal, pero la dejamos y debe importarnos. Y la exigencia con uno mismo es importante para recordarnos que debemos cumplir con unos deberes fundamentales.
No vale ser exigentes con los equipos y no con nosotros mismos.

La abundancia de la mediocridad en la dirección empresarial
Si la mediocridad abunda es porque no hay una voluntad clara, ni valentía, para erradicarla. No saber qué está ocurriendo es grave, pero saberlo y no hacer nada al respecto es aún peor.
Una premisa básica para tratar a un paciente es que este se presente en la consulta. Sin embargo, los directivos, aunque no lo reconozcamos, solemos ser reacios a ser diagnosticados. Es más fácil mirar hacia abajo y justificar los pobres resultados en el equipo que asumir la propia falta de habilidad en la gestión.
Las estructuras y cultura de la empresa pueden ser parte del problema
Las estructuras excesivamente jerárquicas, donde el poder y las decisiones están concentradas en unos pocos, limitan la creatividad y bloquean la capacidad de respuesta y adaptación de los equipos. Cuando la gestión se basa más en el control que en la confianza, repercute en las iniciativas individuales y se genera un entorno de desmotivación.
Además, los equipos directivos que no tienen autonomía para tomar decisiones se sienten atrapados, lo que impide que desplieguen un liderazgo auténtico y efectivo. Esta falta de libertad y confianza acaba siendo el terreno perfecto para que la mediocridad en la dirección eche raíces en las organizaciones.
Los buenos resultados ya no son suficientes
Todavía fomentamos la creencia de que un buen directivo es aquel que consigue buenos resultados, y nada más. Hay que intentar acabar mejor la frase: un buen líder es aquel que consigue buenos resultados gracias a la gestión de un equipo motivado, comprometido, feliz y con voluntad de aportar su mejor versión. Ahora suena mejor, ¿verdad?
La clave no es tan difícil de descubrir como de aplicar y debe basarse en tres pilares: voluntad, generosidad y constancia.
El impacto del mal liderazgo en los equipos
La mayoría de la gente se queja de su jefe y lo identifica como el principal problema en el trabajo. Y cuando oímos afirmaciones del tipo: Me fui porque no me gustaba el mundo de la empresa o Me di cuenta de que no era lo mío. Sin poder asegurarlo, intuyo que ni falló la vocación ni falló el mundo de la empresa en general. Quien falló fue alguien en concreto.
Este es el poder de los directivos que no se ve, pero que todos tenemos, y del que casi nunca se habla. Y es enorme.

Necesitamos líderes valientes para tener empresas sostenibles
El nuevo líder debe contagiar a toda la organización, asegurándose de que la sostenibilidad sea una parte esencial de la estrategia de la empresa y que se refleje en todas las grandes actuaciones. Si solo nos movemos en el ámbito de la norma y la legalidad, no lograremos grandes avances, al menos no los avances significativos que el planeta necesita.
Este tipo de líderes son valientes y el mercado los está reconociendo, aunque lamentablemente sean aún pocos.
La importancia del entorno
Liderar en positivo es siempre sinónimo de éxito, y no es posible una vinculación del trabajador con la empresa si no hay libertad de expresión, reconocimiento y un buen ambiente de trabajo.
Los perfiles más buscados
En los procesos de selección de directivos se utilizan todavía muchos clichés y falta valentía a la hora de presentar candidatos que se salgan del patrón preestablecido por la empresa. El directivo que encaja con la imagen estereotipada de la posición tendrá una ventaja competitiva enorme.
Seguimos favoreciendo a directivos inflados que hablan primero y parecen tener todas las respuestas. Nada que ver con la ansiada humildad.
- ¿Cómo debo actuar si tengo un jefe mediocre?
- ¿Cómo puedo mejorar mi gestión para convertirme en el líder que mi equipo realmente necesita y merece?
- ¿Cómo puedo asegurar un equipo libre de mediocridad en la dirección?
Todas estas respuestas sobre la mediocridad en la dirección empresarial, las encontrarás en Jefes Mediocres.



