Cuando el riesgo tiene sentido: visión personal de un business angel

Talianz - visión personal de un business angel

Se habla mucho del valor de los emprendedores, pero poco de quienes creen en ellos cuando todo está por construir: los business angels. Son profesionales que invierten capital, sí, pero que también aportan conocimiento, networking, energía y mucha ilusión en cada uno de los proyectos.

En Talianz creemos que su papel es fundamental para que el emprendimiento siga siendo motor de innovación y progreso. Por eso, nos enorgullece compartir, a continuación, el prólogo que ha escrito nuestro presidente, Guillermo Soto, para el libro “Descifrando las claves del éxito de la inversión en startups” de las autoras Andrea Piazza y Cintia Mano.

Una reflexión honesta, personal y profundamente inspiradora sobre lo que significa ser business angel hoy. Porque, a pesar del riesgo, merece la pena formar parte de esas misiones que cambian el mundo.

 

Talianz - visión personal de un business angel
Guillermo Soto – Presidente de Talianz

 

Una startup es una nave espacial rumbo a lo desconocido.
                    Josep Coll, fundador de Red Points y RepScan.

“En la fase de despegue, cuando la incertidumbre que impregna su audaz travesía es máxima, emergen ocasional y misteriosamente individuos dispuestos a romper la barrera del riesgo y apostar por el éxito de la intrépida “misión”: los business angels. Son inversores que no solo invierten capital; aportan su conocimiento, contactos, experiencia y tiempo a estos valientes “argonautas del espacio emprendedor”. ¿Quiénes son estos arriesgados inversores? ¿Qué les motiva a asumir tanto riesgo? ¿Qué rasgos demográficos y psicológicos comparten?

Pertenezco desde 2016 a esta fascinante categoría de individuos, referidos en este libro como inversores ángel, y aún hoy sigo reflexionando para encontrar respuestas sólidas a las anteriores cuestiones.

Sin embargo, el tiempo transcurrido, la experiencia acumulada al haberme mantenido activo invirtiendo y ganando exposición a los inciertos destinos de más de 80 startups, las interacciones con otros profesionales de la inversión, la asistencia a decenas de eventos del sector, las múltiples ponencias preparadas e impartidas, el haber creado dos clubs de inversión reuniendo a 117 de estos intrépidos “tomadores de riesgo” y el mantenerme activo en mi intento por contribuir a que prosperen las startups en las que participo, me han permitido desarrollar una comprensión más profunda de la figura del business angel, así como de su determinante impacto económico y social. Sobre todo ello, reflexiono a continuación.

El halo eventualmente negativo, también podríamos hablar del estigma, asociado a la inversión en startups se relaciona con la cantidad de ocasiones, entre el 80% y el 90%, en que nuestras decisiones resultan, desde el punto de vista financiero, peor de lo esperado. Obviamente, el retorno económico se ubica en el 10% restante de las decisiones que tienen un comportamiento mejor, a veces extraordinariamente superior, a lo previsto. En todo caso, estos porcentajes, cuando se conocen, invitan a considerar esta actividad poco menos que disparatada. Quienes toman esta posición, a menudo ignoran los retornos intangibles asociados esta alternativa de inversión. Éstos representan un elemento fundamental, a menudo el principal, de la experiencia positiva que genera la inversión en startups en fases tempranas cuando se realiza siguiendo patrones y procesos como los que Cintia Mano y Andrea Piazza brillantemente proponen y explican en su libro “Descifrando las claves del éxito de la inversión en startups”.

Sin embargo, aun cuando sigamos metodologías probadas y que han conducido a múltiples casos de éxito, los business angels, incluso los más avezados y profesionalizados, utilizamos procesos de evaluación de proyectos insuficientemente profundos. La combinación de la inmadurez de los proyectos, la falta de medios y el exiguo tiempo de análisis por parte de los inversores, explican muchas de las decisiones fallidas. Afortunadamente, la tecnología, especialmente la inteligencia artificial, la experiencia y la inversión en grupo ofrecen soluciones que contribuyen a mejorar sustancialmente esta realidad para el conjunto de la comunidad inversora.

En el legítimo debate que puede surgir sobre la idoneidad de invertir en startups, donde la lógica y la emoción a menudo parecen estar en conflicto, sostengo con convicción que la labor de los business angels tiene un sentido profundo. Lejos de ser individuos descerebrados, somos personas extraordinariamente normales y racionales.

Alguien me comentaba, hace no demasiado tiempo, que los humanos estamos programados para contribuir al bien ajeno, a pesar de la infinita capacidad que también poseemos para hacernos daño. Saber que estamos ayudando a terceros es algo que a la mayor parte de las personas nos genera una satisfacción genuina. En mi opinión, esto explica, en gran medida, por qué los business angels invertimos en startups en fases tempranas.

Por lo tanto, si esta actividad se traduce en un impacto positivo en el mundo y en la prosperidad de terceros, podemos considerar que los business angels, en esencia, somos individuos convencionales, ciertamente normales, con un sólido propósito que materializamos también a través de nuestras inversiones.

Abordemos ahora la dimensión de la racionalidad, o quizás de la osadía, a la que se asocia la inversión en startups.

Cuando lo que obtenemos como retorno del conjunto del proceso de inversión supera las preocupaciones que nos genera y los costes que implica, la actividad comienza a cobrar sentido. Si, además, teniendo en cuenta todos los factores, nuestro análisis arroja que la inversión en startups puede aportarnos valor en forma de rentabilidad económica y beneficios emocionales superiores a otras opciones disponibles, si también nos podemos permitir inmovilizar la cantidad de dinero en cuestión durante años y, además, complementamos nuestra actividad inversora en startups con otras clases de activos de forma estratégicamente equilibrada, entonces la racionalidad de nuestro enfoque se vuelve evidente y, en mi experiencia, recomendable.

Como la gran mayoría de los humanos cuando nos enfrentamos a decisiones de compra o inversión, los business angels analizamos en primer lugar los riesgos, las dudas y los costes. Habitualmente, cuando entusiastas emprendedores nos presentan proyectos para que consideremos contribuir a su financiación, encontramos de partida un sinfín de elementos que nos preocupan y para los cuales necesitamos explicaciones claras y convincentes: ¿Por qué emprenden? ¿Por qué ese proyecto y no otro? ¿Está el equipo bien construido en términos de liderazgo, capacitación, experiencia, diversidad de perfiles, cohesión, voluntad de aprender, capacidad de escucha…? ¿Existe un mercado grande y creciente para la solución que nos presentan? ¿Es posible salir de esta inversión ganando dinero y en un plazo razonable? ¿Es éste el momento ideal para apostar por este proyecto?… Sólo cuando estas inquietudes, y otras de naturaleza similar, encuentran respuestas sólidas, comenzamos a valorar los beneficios de la inversión.

Conviene aclarar que, a pesar del efecto sedante de un sólido conjunto de argumentos bien presentados por parte del equipo emprendedor, los inversores somos conscientes de que el elevado riesgo asociado a entrar en el proyecto como business angels permanece alto. La posibilidad de perder todo el dinero invertido en el proyecto no desaparece hasta que finalmente conseguimos vender nuestras participaciones. Y esto, en el mejor de los casos, ocurrirá pasados unos cuantos años.

Pero, ¿cuáles son los beneficios capaces de compensar en la percepción del business angel los riesgos que inevitablemente asume? En mi opinión, las motivaciones que nos mueven a invertir en startups en fases tempranas son múltiples y muy diversas.

Desde una perspectiva financiera, diferentes estudios concluyen que, al seguir procesos rigurosos diversificando con criterio un número suficientemente alto de inversiones, es esperable alcanzar tasas internas de retorno (TIR) de dos dígitos.

No puedo ocultar el punto de vanidad que también conforma nuestro perfil y cataliza nuestra voluntad de invertir en startups. En mi caso, saberme, aunque en muy pequeña medida, contribuidor a causas con impacto en la mejora de los tratamientos de enfermedades oncológicas o autoinmunes graves, en la construcción de un planeta más limpio o en el avance de la educación en el mundo, por poner tan sólo algunos ejemplos reales de proyectos en los que participo y que aspiran a construir un mundo mejor para todos, constituye otro tipo de retorno intangible al que concedo una particular relevancia.

La búsqueda constante de conocimiento y aprendizaje, independientemente de nuestro momento vital, es un rasgo distintivo que compartimos gran parte de los business angels. Iniciamos el análisis de una oportunidad explorando necesidades insatisfechas y problemas que se resolverían de forma más brillante si existiesen soluciones innovadoras alternativas a las vigentes. Este proceso de aprendizaje se extiende más allá de la evaluación inicial, acompañándonos hasta que, tras formalizar la inversión, nos desvinculamos del proyecto años más tarde vía los ansiados exits. La exposición a tecnologías de última generación, o antiguas usadas y combinadas de modo diferente, a modelos de negocio alternativos, a formas distintas de hacer las cosas dentro de las organizaciones y a tantas otras vías de innovar, resultan atractivas, efectivas y procuradas fuentes de nuevo conocimiento para los inversores.

Otro factor intelectualmente remunerador para los business angels está relacionado con las múltiples oportunidades de conocer e interactuar con personas particularmente interesantes, tanto emprendedores, como inversores y otros agentes que apoyan la innovación como son los organismos públicos, las corporaciones, los centros de investigación, las escuelas de negocios, las incubadoras y las aceleradoras de nuevas empresas, las universidades, los medios de comunicación, etc.

La interacción del business angel con los emprendedores a menudo se hace realidad en la forma de enriquecedoras mentorías en las que intercambian conocimiento, en sesiones de coaching en las que inversor contribuye a extraer lo mejor que llevan dentro los fundadores para ponerlo al servicio del proyecto, o en conversaciones motivacionales y de apoyo emocional.

Algunos business angels invierten en startups como respuesta a la necesidad de encontrar una actividad estimulante generadora de autoestima que les permita permanecer presentes en círculos profesionales y de negocios de los que, por diferentes motivos, hayan podido salir.

Por último, los business angels compartimos un cierto -no desmedido- apetito por el riesgo. Conscientes de la múltiples situaciones y factores que pueden hacer que los proyectos no consigan alcanzar los objetivos previstos, utilizamos diferentes mecanismos y técnicas que permiten reducir las posibilidades de que “la nave se desintegre en pleno vuelo”.

En cualquier territorio, por pequeño que sea, pueden encontrarse personas con una experiencia profesional normalmente extensa que reúnen los atributos y las motivaciones expuestas y son -o podrían ser- perfectos business angels. Típicamente, este perfil de inversor abunda en empresarios, profesionales liberales, ejecutivos de corporaciones, emprendedores de éxito y ahorradores (inquietos) en general. Sin embargo, a partir de todo lo explicado hasta ahora, podemos concluir que no todas las personas con capacidad económica para invertir en startups lo acabarán haciendo. En primer lugar, por puro desconocimiento de la existencia de la oportunidad. En segundo lugar, porque, aun conociendo la clase de activo y poseyendo el perfil adecuado, ignoran cómo hacerlo. Por ambos motivos, y por el fenomenal impacto que tendría en la proliferación de proyectos innovadores, sería deseable una mayor implicación de los entes públicos en la divulgación, promoción y facilitación de esta modalidad de inversión.

¿Cómo nos transformamos en business angels? Cada vez que mantengo una conversación con una persona que se siente atraída por la inversión en startups, antes de animarle a que lo haga, le invito a reflexionar sobre qué busca conseguir, en qué plazo, cuánto tiempo le va a poder dedicar y qué nivel de pérdidas está dispuesto a asumir. A continuación, ya se dan las condiciones para hablar de retornos, riesgos y del necesario aprendizaje para evitar más disgustos de los necesarios.

La formación para acelerar el aprendizaje y la inversión a través de clubes de inversores con gestión profesionalizada, son los dos mecanismos que considero más efectivos para construir una experiencia de inversión en startups satisfactoria. La perseverancia y la paciencia son igualmente valiosos instrumentos que también debemos utilizar para maximizar las posibilidades de concretizar nuestro propósito y alcanzar los objetivos que nos marcamos cuando invertimos.

Concluyo, volviendo a la metáfora de la nave espacial, aclarando que los business angels no formamos parte de “su tripulación”. Somos recursos al servicio del proyecto con el fondo, la forma y la intensidad que los fundadores requieran. Y con este modelo de apoyo, “desde la base en la Tierra”, somos, en la teoría y en la práctica, contribuidores clave al éxito de las misiones en las que participamos y con las que, junto a todo lo demás comentado, debemos conseguir generar el impacto deseado, así como disfrutar personal y profesionalmente.”

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