El dilema del 35%: Automatizar procesos con IA gracias a un modelo de contratación flexible

Talianz -Modelo de contratación flexible

Un modelo de contratación flexible no sirve solo para cubrir una vacante, una baja o un pico de trabajo. Si está bien planteado, puede también ser una forma inteligente de abordar proyectos estratégicos sin cargar a la empresa con más estructura fija de la necesaria. Y, en este momento, ¿sabes cuál es el proyecto que muchas empresas tienen pendiente? Sí, la automatización.

En los últimos días, Cognitfy ha difundido cifras llamativas sobre el impacto que la inteligencia artificial y los sistemas agénticos pueden llegar a tener en las pymes. Según la compañía, en algunas tareas se podría reducir hasta un 60% el tiempo dedicado a determinados procesos y hasta un 35% los costes.

No hablamos, por tanto, de una reducción automática ni aplicable a toda la empresa, sino de una estimación vinculada a procesos muy concretos: tareas repetitivas, gestión documental, flujos administrativos o trabajos donde todavía hay mucha intervención manual.

Una empresa no reduce costes simplemente por implantar inteligencia artificial. ¡Ojalá fuese tan sencillo! La tecnología puede ayudar mucho, pero solo si se aplica sobre procesos bien entendidos, con objetivos claros y con alguien al frente que sepa conectar la parte técnica con el negocio. Es decir, no se trata decidir si la empresa debe automatizar. Eso ya debería estar superado. La cuestión es:

¿Quién lidera ese cambio? ¿Cómo debe hacerse? ¿Qué coste estructural está dispuesta a asumir la organización para llevarlo a cabo?

Por qué un modelo de contratación flexible encaja en proyectos de automatización

Cuando una empresa habla de automatizar, lo primero aparece encima de la mesa es la herramienta. Qué software usamos, qué proveedor elegimos, cuánto nos va a costar, qué puede hacer la IA… Todo eso importa, claro que sí. Pero jamás debería ser el punto de partida.

Antes de elegir cualquier solución, conviene analizar cómo trabaja la empresa. No cómo debería trabajar según el organigrama, ni cómo se explicó en una reunión hace meses. Es decir:

  • Dónde se duplican las tareas.
  • En qué departamento se siguen utilizando aplicaciones que ya nadie controla al 100%.
  • Qué proceso depende de que una persona se acuerde de enviar un correo, revisar un documento o pasar una información a otro departamento.

En temas como estos es donde suele haber margen de mejora. Por eso, una automatización no debería empezar con una demo de una herramienta, sino con una buena revisión de todos los procesos. Y esa tarea debería hacerla alguien capaz de hacer preguntas que a nadie le gusta contestar, detectar prioridades y separar lo que solo molesta de lo que realmente está afectando al negocio.

Es en ese momento en el que un modelo de contratación flexible puede ayudar a la compañía. Hablamos de un perfil que tenga experiencia, acostumbrado a entrar en organizaciones, entender rápido dónde están los bloqueos y ordenar el trabajo antes de empezar a tocar tecnología. Porque si se automatiza algo que está mal diseñado desde el inicio, solo consigues que aquello que se quería arreglar, falle antes.

 

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Imagen creada con IA

 

El gran error de convertir cada reto en una contratación fija

Cuando hay una necesidad importante en una empresa, se suele reaccionar (casi siempre) de forma casi automática: hay que contratar a alguien. Es cierto que a veces es eso lo que se necesita, pero no siempre es así.

Para un proyecto de automatización, quizá la empresa necesite durante seis, nueve o doce meses a alguien que lidere el diagnóstico, coordine a los equipos, hable con proveedores, mida resultados y deje una forma de trabajar más ordenada. Y eso, ni mucho menos, significa que necesite crear un puesto fijo para los próximos años.

Muchos negocios acaban aumentando estructura cada vez que aparece una nueva prioridad. Hoy, transformación digital. Mañana, automatización. Pasado, inteligencia artificial. Después, eficiencia operativa. Y así, poco a poco, la empresa va sumando capas, justo cuando lo que buscaba era simplificar.

La automatización debería ayudar a trabajar mejor, no a hacer la organización más pesada. Por eso, antes de contratar de forma permanente, conviene preguntarse si esta necesidad es estable o responde a una etapa concreta.

  • Si la necesidad es estable, puede tener sentido crear una puesto fijo.
  • Si lo que hace falta es experiencia para poner en marcha y transferir conocimiento al equipo, quizá la solución no tenga que ser permanente.

Y, en este último punto, un interim manager o un fractional manager tienen mucho que decir.

Qué aporta un modelo de contratación flexible a una empresa que quiere automatizarse

La principal aportación no es solo el ahorro. Es el foco. Un perfil directivo externo puede entrar en la empresa teniendo una misión concreta y sin estar condicionado por forma de trabajar de esta. Eso, precisamente, le permite ver cosas dentro de la compañía que ya se han normalizado.

  • Procesos que nadie cuestiona.
  • Reuniones que no deciden nada.
  • Informes que se preparan por costumbre.
  • Tareas que consumen horas y que podrían resolverse de otra manera.

Con un modelo de contratación flexible, la empresa puede incorporar un punto de vista diferente, sin asumir desde el primer momento una estructura permanente. Y eso, para un CEO, tiene bastante sentido porque le permite avanzar sin esperar meses a encontrar el perfil perfecto, no sobredimensiona la plantilla y no convierte un proyecto que tiene un principio y un final en un coste fijo indefinido.

Además, este tipo de perfiles no llegan a las compañías para sustituir al equipo interno, sino para ayudarle a trabajar mejor.

Porque la automatización bien planteada no consiste en quitar personas de en medio. Consiste en quitarles de encima tareas que no aportan demasiado valor:

  • Menos trabajo manual.
  • Menos búsqueda de información.
  • Menos seguimiento administrativo.
  • Menos tiempo perdido en ordenar datos antes de poder tomar una decisión.

Eso libera capacidad. Y esa capacidad puede dedicarse a vender mejor, atender mejor, decidir mejor o resolver problemas que sí necesitan a un humano. Pero para que eso ocurra, alguien tiene que dirigir el proceso. No basta con comprar una herramienta y mandar un correo diciendo que “a partir de ahora vamos a usar la IA para hacer esto o aquello”.

Así no deberían funcionar las empresas.

La automatización también necesita comunicación

Hay otro punto que muchas veces se subestima, y es el miedo en la plantilla. Cuando una empresa habla de inteligencia artificial, sistemas agénticos y reducción de costes, parte del equipo solo escucha una cosa: la palabra “recorte”. Aunque nadie lo diga abiertamente.

Por eso, un proyecto de automatización necesita tener una comunicación clara desde el principio. ¿Qué se va a hacer? ¿Por qué? ¿Qué tareas se van a revisar? ¿Qué límites tendrá esa tecnología? ¿Qué papel seguirá teniendo el equipo? ¿Cómo se van a medir los resultados? Si todo eso no se logra explicar bien, el proyecto nace con resistencia. Y cuando eso pasa… todo cuesta el doble.

Así que un buen liderazgo no solo se ocupa de que la herramienta funcione. También se ocupa de que las personas entiendan el cambio, sepan qué se espera de ellas y vean que la automatización no es una amenaza inevitable, sino una forma mejor y más ordenada de trabajar.

 

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FAQs sobre cómo automatizar procesos con IA gracias a un modelo de contratación flexible

¿Cuándo tiene sentido recurrir a un modelo de contratación flexible?

Tiene sentido cuando la empresa necesita experiencia para resolver una etapa concreta, pero no necesariamente crear una posición fija. Por ejemplo, cuando quiere automatizar procesos, reorganizar un área, acelerar un proyecto, cubrir una dirección de forma temporal o liderar una transformación durante un periodo determinado.

¿Qué diferencia hay entre Interim Management y Fractional Management?

El Interim Management suele utilizarse para cubrir una posición directiva durante un tiempo concreto o para liderar una situación específica: una transición, una crisis, una sustitución, una reorganización o un proyecto estratégico. El Fractional Management, en cambio, permite contar con un perfil directivo de alto nivel solo durante una parte de su tiempo, por ejemplo, unos días al mes o unas horas a la semana.

En ambos casos, la empresa accede a experiencia directiva sin tener que incorporar ese perfil a tiempo completo.

¿Por qué puede ser útil este modelo para automatizar procesos?

Porque automatizar no consiste solo en implantar una herramienta. Antes hay que entender cómo trabaja la empresa, qué procesos tienen más impacto, dónde se pierde tiempo y qué cambios pueden generar una mejora real.

Por eso, un perfil interim o fractional puede ayudar a ordenar ese trabajo, coordinando a los equipos, hablando con proveedores y asegurando que la automatización responde a una necesidad de negocio. No a una especie de moda tecnológica.

¿Qué ventaja tiene frente a una contratación tradicional?

La contratación tradicional tiene sentido cuando la necesidad es estable y a largo plazo. Pero muchas veces la empresa necesita experiencia directiva para una etapa en concreto. Así que, un modelo de contratación flexible permite incorporar talento con bastante rapidez, trabajar con objetivos definidos y evitar que cada nuevo reto acabe convirtiéndose en más estructura fija. Para muchas compañías, esa diferencia es importante porque no se carga a la organización de costes permanentes.

Sí, lo reconocemos, el famoso 35% nos ha servido para llamar la atención. Pero el verdadero asunto no está en el número sino en cómo decide moverse cada empresa. Porque puede quedarse esperando o lanzarse a comprar herramientas a lo loco… O, por el contrario, puede tratar la automatización como lo que realmente es: una decisión de dirección.

  • Con medición.
  • Con liderazgo.
  • Con prioridades.
  • Con comunicación.
  • Con una estructura de costes razonable.

Y un modelo de contratación flexible permite hacer justo eso: incorporar experiencia cuando hace falta, durante el tiempo necesario, con un objetivo claro. Y, para muchas empresas, esa puede ser la gran diferencia entre hablar de automatización y conseguir que la automatización mejore la forma de trabajar.

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